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En las sociedades occidentales modernas el estilo de vida se caracteriza por una dieta altamente calórica, rica en grasas, carbohidratos refinados y proteínas animales, combinada con una baja actividad física, lo que resulta en un desequilibrio de nuestra salud en general. Ante el hecho de que estos hábitos alimentarios inadecuados contribuyen a riesgos para la salud, como la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial y el cáncer, una nutrición centrada en optimizar la calidad de la dieta diaria mediante «alimentos funcionales” como el Topinambur, favorece el mantenimiento de una salud equilibrada. Según la definición, un alimento funcional ofrece beneficios para la salud y contribuye a disminuir el riesgo de enfermedades crónicas más allá de su función nutricional. Como consecuencia los componentes funcionales como los prebióticos contenidos en el Topinambur tienen una importancia vital para la salud.

Este tubérculo almacena inulina como carbohidrato de reserva, lo cual es una perfecta fuente prebiótica que estimula el desarrollo y la actividad metabólica de un número limitado de bacterias beneficiosas en el colon, particularmente bifidobacterias y lactobacilos, y por lo tanto promueve un equilibrio microbiano saludable en el intestino y también puede proporcionar defensa al huésped contra bacterias patógenas.

Un estudio realizado por un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge en 2007, observo que en la industria de la panadería, la inulina o los fructooligosacáridos obtenidos de los tubérculos de Topinambur se utilizan a menudo como sustratos de grasas para mejorar la aceptabilidad de los productos bajos en grasa por parte del consumidor. El interés por estos fructanos en la panadería se debe a sus propiedades prebióticas descritas anteriormente, por sus beneficios en la estimulación selectiva del crecimiento y/o la actividad de una o un número limitado de bacterias potencialmente promotoras de la salud en el colon (bifidobacterias y lactobacilos). Por otra parte las características observadas en este estudio, confieren una aplicación potencial de este extracto de carbohidratos rico en inulina del Topinambur como un ingrediente que no sólo mejora el crecimiento bacteriano sino que también mejora su resistencia a las condiciones gastrointestinales. Por último, se afirma que los prebióticos proporcionan, mediante la modificación selectiva de la composición de la flora intestinal o microbiota, una mejora de la función intestinal y sistémica y una reducción del riesgo de enfermedades.

La flora intestinal o microbiota es un conjunto de microorganismos que viven en perfecta simbiosis en nuestro intestino. Está compuesta por aproximadamente cien billones de bacterias beneficiosas, una cifra diez veces mayor que el número de células presentes en nuestro cuerpo. Estas bacterias pertenecen a entre quinientas y mil especies diferentes, y el 95% de ellas vive en el colón. Esta flora se regenera periódicamente, excretándose los microorganismos muertos a través de las heces; esta masa suele representar un tercio del peso seco de nuestras deposiciones. Muchos ignoran la existencia de este verdadero ecosistema que llevamos dentro; la mayoría desconoce las reglas con las cuales opera esta simbiosis de microorganismos.

La relación con estos huéspedes imprescindibles es de colaboración recíproca: debemos garantizarles la supervivencia, a fin de que nos proporcionen una serie de funciones (esencialmente enzimáticas), que posibilitan la digestión de los alimentos y la síntesis de vitaminas. La simbiosis natural es perfecta: ellos obtienen energía y sustento de los procesos de desdoblamiento de hidratos, grasas y proteínas; procesos que sólo son posibles gracias a las enzimas que ellos mismos aportan. Pocos saben que la degradación inicial de los alimentos (por ejemplo, las fibras vegetales) en muchos casos la realiza la flora y no los jugos intestinales. Una parte importante de los nutrientes que ingerimos sirven para alimentar la flora, existiendo por ellos una cierta competencia entre los microorganismos y la mucosa.Si esa población de bacterias no existe o es muy reducida, el colesterol permanece intacto y en condición de ser asimilado; debido a ello es reabsorbido por la mucosa intestinal y es conducido rápidamente al flujo sanguíneo.

La flora genera un ecológico equilibrio dinámico, gracias al cual se evita el desarrollo de enfermedades en el organismo. Si se mantiene prevalente la población de microorganismos benéficos, éstos impiden que pobladores peligrosos (otras bacterias o levaduras) puedan afincarse en el medio y les roben su forma de sustento habitual. Además, la flora normal genera una especie de protección de la mucosa digestiva, cubriendo ciertas porosidades, en las cuales podrían depositarse microorganismos patógenos. Con ello la flora cumple otra importante tarea de defensa corporal.

Algunas clínicas alemanas están desarrollando terapias efectivas para padecimientos crónicos, basadas en correcciones dietarias y restauración de la flora intestinal benéfica. Los resultados positivos se evidencian en gran variedad de trastornos: infecciones crónicas de las vías respiratorias, el tubo digestivo y las vías urinarias, artritis reumatoide, infecciones infantiles, entre otras.

Como conclusión es de vital importancia comprender que el tipo de alimentación que practiquemos determinará la calidad y composición de nuestra flora intestinal, que al mismo tiempo afectará a la salud física y mental del ser humano.

 

Fuentes:

Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, “Influencia de los carbohidratos ricos en inulina de los tubérculos de alcachofa de Jerusalén (Helianthus tuberosus L.) sobre las propiedades probióticas de las cepas de Lactobacillus”, 2019.

Universidad de Cambridge, “La inulina de alcachofa de Jerusalén y de achicoria en productos de panadería afecta la microbiota fecal de voluntarios sanos”, 2007.

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